El bisonte de Urbasa ha sido noticia esta semana y
su hallazgo, como otros que le han precedido y otros que le seguirán, contribuirán a saber más de nuestro pasado. Como el objetivo de quien esto
escribe y de quienes están con él, ha sido el de saber más y divulgar el
conocimiento de ese pasado desde hace largos años, nos congratulamos con dicha
noticia.
El bisonte de Urbasa
Gonzalo de Baquedano, un amescoano con amistades "reales" (1.390)
Un apunte sobre Gonzalo de Baquedano, natural de Ecala, Val de Amescoa (en el momento de su nacimiento):
Poner Améscoa en el mapa de la cultura
Me decía un amigo de Pamplona, tras leer la novela “Lobos de Urbasa”, de Iñigo Ubani, y sabedor de su presentación en Eulate: “Este es un paso más para que Améscoa esté en el mapa de la cultura, la novela, por la ambientación, y la presentación, por el acto”.
Fuego en el cielo, hielo en el suelo/Sua zeruan, izotza lurrean
En agosto pasado publiqué lo de "hacerse una aurora en Améscoa/Urbasa", como reclamo para la observación de un preamanecer, alba o crepúsculo matutino, por su espectacular grandeza. Hice mención a la belleza del proceso y a su duración y recibí algún comentario cuestionando ese placer en el tiempo invernal por el frío y viento reinantes en los lugares altos y despejados que yo recomendaba.
Olazaran, un apellido que fue vecino de Urbasa
Nacido en Zegama, hoy amescoano
En el tema del Palacio de Urbasa cometí un error al mencionar un dato
sobre la participación de Ignacio de Olazaran en su función de teniente de
alcalde de Andia y Urbasa por delegación de Juan Remírez de Baquedano.
Un regalo del hombre que susurra a los tejos
He
recibido estas pasadas fechas varios regalos de gran valor, que estoy
procurando compartir. Desde Asturias me remitía la imagen que encabeza este
comentario, el hombre que más sabe del tejo en España. Hasta mediados del
siglo pasado el tejo era conocido con su expresión en euskera "agin", "hagin" hoy, y el vocablo era casi totalmente desconocido. Lo mismo ocurría con el azkarro y el arce.
El Palacio de Urbasa agoniza
Después de tres siglos de accidentada
existencia, el Palacio de Urbasa está dando sus últimas boqueadas.
Como se diría en las novelas románticas, “fue concebido sin amor”. Formó parte de los sueños mohosos de Diego Remírez de Baquedano, que vivió en su palacio de San Martín de Améscoa Baja, viudo y solo, desde 1.665 hasta 1.695. Su esposa, María Álvarez de Eulate, falleció con 48 años, tras ocho partos, el último con 45 años. Y Diego estuvo enfrentado activamente a sus paisanos, especialmente a sus vecinos, durante los treinta años que vivió hasta su fallecimiento.





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