Sin cuidados paliativos
Después de tres siglos de accidentada
existencia, el Palacio de Urbasa está dando sus últimas boqueadas.
Como se diría en las novelas
románticas, “fue concebido sin amor”. Formó parte de los sueños mohosos
de Diego Remírez de Baquedano, que vivió en su palacio de San Martín de Améscoa Baja, viudo y
solo, desde 1.665 hasta 1.695. Su esposa, María Álvarez de Eulate, falleció con
48 años, tras ocho partos, el último con 45 años. Y Diego estuvo enfrentado activamente a sus paisanos, especialmente a sus vecinos, durante los treinta años que vivió
hasta su fallecimiento.
Soñó con el marquesado de San Martín y lo tuvo en sus manos junto con el vizcondado de Zudaire, pero bien poco le duró, porque tras la concesión le fue anulado, lo que acrecentó
su rencor contra todos los que contribuyeron a ello. Y la satisfacción final
por el logro de otro marquesado, el de Andia, le duró escasamente cien días, porque fue lo que tardó en fallecer tras la obtención del título.
Su primogénito, Juan, se puso a la tarea de imponerles una penitencia vitalicia a quienes, desde su propio valle y valles vecinos, se habían opuesto a los diferentes deseos y aspiraciones de su padre y otros ascendientes. Y para que el efecto fuera duradero lo materializó con la construcción de un palacio en el mejor paraje de Urbasa, cerca de la ermita de Done Loria y de la calzada que iba de Zudaire a Olazagutia y con buenos manantiales en sus proximidades.
Para aplicar su jurisdicción civil y criminal en la sierra, concesión regia de la monarquía navarra que continuaba vigente, lo dotó de cárcel, reclutó guardas y al mando de todos ellos nombró un alcalde, con residencia en Estella. Y como teniente de alcalde, contrató a Ignacio de Olazaran, nacido en Larrión, aunque originario de Cegama. Residiría con su esposa Inés Pérez de Albizu, natural de Eulate, y su familia, en el Palacio, donde haría de casero y cuidaría del mismo.
Para la
construcción del Palacio había contratado un equipo de canteros y obreros
cántabros y gallegos y para el ornato de la capilla hizo traer de Italia la
escultura de madera policromada conocida como el “Cristo de las Agonías de Urbasa”.
Como además obtuvo del monarca, Felipe V, el patronato religioso de esos montes, a no olvidar su carácter realengo, era también obligada la existencia de una capilla y el oficio de la misa en ella. Por lo que se imponía su construcción y la pretensión de obtener una jurisdicción eclesiástica. Aplicable al menos durante el verano, cuando unas 80.000 cabezas de ganado herbajeaban en los rasos de Urbasa. Y colocaba de capellán de la capilla a su hermano menor y ahijado, Diego Felipe, durante el verano y más tarde a un primo o sobrino suyo, Jorge Remírez de Baquedano.
Y Juan Remírez de Baquedano, que no daba puntada sin hilo, exigió el cobro del diezmo por los corderos, lanas y quesos a todos los ganaderos de ovino que llevaban sus rebaños a esas sierras en el estío, con el argumento de que pagasen por las misas que se oficiaban los domingos y fiestas de guardar, función religiosa que se prestaba desde el Palacio.
Y añado que
Juan Remírez de Baquedano no tuvo descendencia en su matrimonio y, tras su
muerte, en 1.723, el palacio pasó al hijo de su hermano Fernando, Juan
Francisco, que, nacido en Rípodas, se
había buscado ya la vida lejos de Navarra.
A partir de la muerte de Juan Remírez de Baquedano, continuaron
los conflictos de jurisdicción, pero ya en tono menor. Los Olazaran vivían ya
en el palacio como parroquianos de San Martín y los herederos de los Remírez de
Baquedano no se preocupaban ni de Améscoa, ni de Urbasa, ni del Palacio.
Y así entramos en el turbulento siglo XIX y en él se cita la emboscada a Javier Mina y su grupo durante la Guerra de la Independencia en Navarra. Hecho que se supone ocurrido "en la Venta de Urbasa" y del que pudo escapar Mina, pero del que fueron apresados y posteriormente ejecutados todos los reunidos.
Más tarde y por citar nombres que la
Historia retuvo en sus páginas, habría que nombrar al Duque de Rivas como VII Marqués de Andia y propietario del Palacio.
Durante la Primera Guerra Carlista, paró en él fugazmente el pretendiente carlista, Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII.
Y pasó una mala noche el 21 de abril de 1.835 el Ministro de la Guerra, general Jerónimo Valdés, con todos sus generales, la víspera de la llamada “Acción de Artaza”, y desde la perspectiva carlista “Batalla de las Améscoas”.
Diré también que el Palacio sirvió de excusa para crear
un nuevo título nobiliario, el condado de Urbasa, en agosto de 1.875.
Que en 1.889 falleció Pedro Olazaran, descendiente
de los primeros caseros del Palacio y llamados a ejercer la tenencia de alcaldía de Urbasa, y el último amescoano
en ejercer de capellán del Palacio.
En 1.915, Juan Echávarri, industrial de
Olazagutia, se hace con la propiedad del Palacio. Ignoro si lo adquiere o si es
una cesión ya apalabrada con su padre, Victoriano, por parte del marqués de Viana,
entonces propietario. Y Echávarri lo reconstruye y se reserva la parte sur como
residencia de verano familiar y el resto como hotel y restaurante.
Esto encaja con la
actividad industrial de Echavarri que adquiere en 1.920, el aprovechamiento de
madera y leña de Urbasa por un plazo de 15 años. Su empresa, "Hijos de
Victoriano Echávarri” es el principal proveedor de traviesas de ferrocarril para
las compañías del norte peninsular.
En 1.921 visita
Urbasa José Miguel de Barandiarán, y se hospeda allí, desde donde explora un
grupo de dólmenes próximos al Raso de Urbasa.
En 1.930 es
construido el frontón anexo al Palacio por la empresa de los hermanos Elcarte
de San Martín de Améscoa Baja.
En 1.936 se produce el golpe
militar y Juan Echávarri muere durante el conflicto armado que genera
el levantamiento.
En 1.976 se cierra
el hotel, aunque continúa funcionando como bar y casa de comidas unos años más.
La familia
Echavarri, que ya venía frecuéntándolo menos desde la muerte de María Luisa
Osácar en 1.963, viuda de Juan Echavarri, inicia gestiones para su venta a
mediados de los ochenta. En 1.986 lo hace público en la prensa.
Tras tres años de
presiones políticas de UPN al PSN para la compra del Palacio por el Gobierno de
Navarra, se aprueba su adquisición el 28 de diciembre de 1.989. En 1.990 se
anuncia su rehabilitación para uso hostelero con una inversión de 258 M de
pesetas. De este asunto, nunca se hizo nada, ni se volvió a hablar hasta
pasados más de 15 años.
Ha de entrar el
nuevo siglo, para que, en noviembre de 2.007, Turismo, esta vez de
un gobierno de UPN, se proponga rehabilitar el Palacio de Urbasa como hotel de
cuatro estrellas. Con 25 habitaciones y 3 suites y 4,5 M de euros de presupuesto. Al
parecer había una empresa privada interesada en la operación o eso se decía al
menos.
Será eso, "que se decía". Porque han vuelto a pasar los años y el Palacio agoniza y sin cuidados paliativos.
No voy
a alargar este relato con mi posicionamiento sobre todo lo ocurrido. Ya lo hice
en 2.022.
Sí
quisiera sugerir que se salve/retire el escudo de los Remírez de Baquedano que luce en
la fachada, y que el Catálogo Monumental de Navarra, Merindad de Estella II**, describe
como: "Escudo con
las armas de los Baquedano con bordura de hojarasca y niños, y corona abierta
por timbre que sujetan otros dos niños montados en mascarones”.
Y sí sería partidario de que se colocase en San Martín de Améscoa y se incorporase al que fue palacio de los Remírez de Baquedano, del que todavía se conserva una parte. Para que algo del palacio amescoano de Urbasa quede incorporado al patrimonio cultural local, además de su historia. Todo ello si a los interesados les parece oportuno, llegan a un acuerdo y antes de que el escudo se dañe.
Para saber más:
GARCÍA DE ALBIZU, Balbino (2022), «El palacio amescoano de Urbasa. Del nacimiento a la agonía», en Conociendo el pasado amescoano, VII, Pamplona: Lamiñarra, pp. 15-102.

.jpg%20Fase%20VII.jpg)






No hay comentarios:
Publicar un comentario