Casi se les hace Junio para subir las ovejas
Dice Patxi Ruiz de Larramendi que este año han subido el rebaño a la Sierra más tarde que nunca. Concretamente, el jueves 28 de mayo.
Él ha estado haciendo las hierbas y preparando el forraje y echa de menos la Sierra, pero dice que "solo la ve desde el tractor". Este es otro de los componentes de la actividad y no el menos duro, porque el calor ha apretado en estos últimos días del quinto mes.
Entre tanto, su hermana Monika se encargaba de la tarea del ordeño.
La salida del corral
El jueves, día 28, como ya he avanzado, despejado y con el sol ya calentando, se inició la subida. Como es habitual, Maitere Mujika, la Ama, dio la salida a la expedición en la puerta del corral. Metida ya ya en los ochenta, "la Tere", aporta la sabiduría adquirida en décadas de oficio junto a su marido, Paco Ruiz de Larramendi.
El recorrido, ya sabido, con revuelta en la fuente del Puerto de Gonea, donde algunas ovejas se hidratan. Y a partir de ese punto, la ascensión cambia de sentido y da cara al Este.
Habrá que bautizar a la piedra
Ruta ya conocida hacia el Puerto de Koparazio que obliga a sortear la enorme roca o piedra desprendida que corta el camino. Y a la que habrá que ponerle nombre, porque, amplío el consejo recibido de José Miguel de Barandiaran, el "sabio de Ataun", que me decía "lo que no se escribe no existe". Y digo, "lo que no tiene nombre no existe", conclusión muy próxima al dicho popular "izena duenak izana ere badu" = todo lo que tiene nombre existe.
Sigue el recorrido conocido y llegada
Salvado el obstáculo, ascenso lento y distendido hasta el Puerto, bajada por Anjelikobago hasta la barrera metálica, cruce de la Brecha y entrada por el portillo de las Marisestelas.
Y tras un corto recorrido, ya con un sol apretando de firme, el rebaño llega a su majada y la tarea puede darse por concluída.
Y atendiendo a su salud, el ayudante canino se hidrata y se refrigera. Ingiere agua para compensar la deshidratación producida en la subida, agudizada por la elevada temperatura. Y al sumergir sus patas en agua, enfría esa sangre periférica que circula por ellas y, al volver al corazón, ayuda a bajar la temperatura interna del cuerpo de forma eficiente.
Aunque parezca un ternero más que un perro, es porque está muy mojado y porque se estaba sacudiendo el agua en el momento de la foto. Y es "Kaixer", por más señas.







