Cofradía y ermita de San Miguel de Aranarache

Recreación embellecida del interior de la ermita de San Miguel de Aranarache
Recreación embellecida de la ermita de San Miguel de Aranarache


        

 Hace al menos medio milenio, cada ayuntamiento amescoano tenía su cofradía.


  Ya en 1552 tenemos noticia escrita de la existencia de la ermita de San Miguel de Aranarache por parte del Visitador del Obispado de Calahorra y La Calzada, que era la diócesis a la pertenecía Améscoa Alta desde el punto de vista eclesiástico.

  Es evidente que la ermita y el patronazgo debían existir desde mucho antes, porque da la impresión de que el informe del Visitador les insta a normalizarse, a homologarse. 

  Y con fecha 15 de julio de 1554 celebran junta "Cura, beneficiados, cabildo, jurados y vecinos, que suman 54 parroquianos y 4 eclesiásticos". Y aprueban los 15 artículos por los que se regirá la Cofradía, de lo que levanta acta Gonzalo de Albizu, Escribano Real de su Majestad, residente en Eulate.


  Y con fecha 7 de septiembre, Juan Bernal Díaz de Luco, Obispo de Calahorra y La Calzada, acusa recibo y autoriza la Cofradía y Hermandad, según petición encabezada por Hernán López de Albizu, Señor de la Casa de los Albizu.

 

  

  El funcionamiento de la cofradía de San Miguel


  Las reglas de la cofradía, pública como era esta, no tenían complejidad alguna. Se constituía para asegurarse asistencia y oraciones de un colectivo relativamente numeroso en el momento del fallecimiento de un vecino. La cofradía la dirigía formalmente un prior y la atendía para oficiar las misas y servicios que estuvieren estipulados un capellán que era contratado y pagado. Se le remuneraba con trigo que pagaba cada cofrade y se contrataba a uno de los sacerdotes de la parroquia local o próxma, algo que no ofrecía problema alguno en el caso de Aranarache, dada la proximidad de Eulate a un lado y Larraona al otro.


  Los cofrades, eran mayoritariamente residentes en Aranarache, pero igualmente se admitían vecinos de Eulate y Larraona. 

  Se comprometían a avisar del fallecimiento de uno de ellos y de los actos funerarios que se generaban a otros cofrades, de acompañar el cadáver hasta la iglesia, de asistir a los oficios y de orar por el difunto.

  Cada año nombraban dos Mayordomos que llevaban los cirios propios de la cofradía y mantenerlos encendidos durante los actos religiosos y cuidaban de ellos, de su custodia y de su conservación. 

  Igualmente, hacían el papel de "bolseros" y recaudaban las aportaciones de los "entráticos" al ingresar y las sanciones o multas que se imponían por faltar a las obligaciones, casi exclusivamente de asistencia a servicios funerarios.


Recreación de la comida anual de la Cofradía de San Miguel


  La refacción anual de la Cofradía


  Al margen de las reglas de carácter estrictamente religioso, la Cofradía celebraba una Congregación General con carácter anual. La fecha prevista era invariable, "el domingo primero después de Santa María de Septiembre". 

  Se oía Misa, se celebraba una comida que, en una época determinada, consistía en "un carnero para cada 16 personas y una cuarta de vino por cabeza". 

  La regla precisaba que los "dispenseros", los que servían la comida, "una vez dada la dicha vianda, se sienten ellos mismos juntamente con los cofrades a la mesa". 

  Y una regla más, advertía al respecto "Que los Mayordomos (de la Cofradía), en la víspera de refacción, que los que hayan de matar los carneros fueran personas que lo sepan bien hacer, si ellos no se atreven, y luego vendan los cueros y todos los menuceles al másdante y den cuenta y razón de ello al tiempo que reparten el escote de la comida". Y a cuenta de esta tarea "puedan tomarse dos reales cada uno". 

  Al día siguiente de la "refacción", nombre que daban a la comida colectiva, se reunían Prior, Capellán y "dispenseros", nombre que, en los primeros tiempos, se dio a los mayordomos, para hacer las cuentas del año. Y se procedía al nombramiento de nuevos mayordomos. Para ello, tenían prevista una "dieta" de medio carnero, medio cántaro de vino y pan seco, y un cuartal de trigo. 



   Apuntes sobre la hsitoria de la ermita de San Miguel


  El Libro de Cuentas primitivo de la Cofradía desapareció, como miles de nuestros documentos, que alguien se llevaba a casa para no se sabe qué y que más tarde acaba en la basura o el fuego. Pero algunas menciones desperdigadas nos permiten saber que la cofradía goza de buena salud y funciona con normalidad a través de casi cuatro siglos. Vamos a ello: 

  .- 1578. Se produce un legado a la ermita por parte Joan Ruiz de Çuaçu. 

  .- 1583. Es padrino en un bautizo "Pedro, Hermitaño de Sanct Miguel". 

  .- 1588. Milia Remírez, manda ‘que su hijo Gonçalo le diga tres missas en la Basílica de San Miguel de Haranarach’. 

  .- 1622. Fallece María Muru, "Beata que fue de la Hermita de San Miguel". 

  .- 1628.- Sancho Sancho Sáez de Jauregui dispone "missas y cuatro Reales para ayuda de la cera de la Confradia de San Miguel". 

  .- 1628. "Traslado de la esquila de la hermita de S.Miguel a la Iglesia Parrochial para mayor culto divino". 

  .- 1630. Donación de Miguel Sáez de Arana, Sacristán de la Parroquial de Eulate. 

  .- 1633. Donación de don Pedro Ruiz de Larramendi, Cura y Beneficiado de Aranarache. 

  .- 1634. Donación de Joana de Arteaga. 

  .- 1637. En el Libro de Cuentas se recoge un gasto de 15 Reales para "reparo del Señor S.Miguel". 

  .- 1642. Hernán González de Paternina manda se dé "azeyte a la ermita de S.Miguel, adonde fue confrade". 

  .- 1642. Hay anotado gasto "para ayuda de la campana del Sr S.Miguel". 

  .- 1650. Diego de Albizu, murió Diego de Albizu "de una caída que dio su cabalgadura" y "había ordenado azeyte a S.Miguel y S.Lorenço". 

  .- 1715. Se cita la Basílica de San Miguel Arcángel como ‘lugar donde tienen de uso y costumbre de juntar los Jurados y vecinos de este Valle de Amescoa la Alta’. 


Retablo embellecido de la ermita de San Miguel de Aranarache (Améscoa Alta)
Retablo embellecido de la ermita de San Miguel


  .- 1731. El Visitador del Obispado de Calahorra y La Calzada hace un llamamiento a los vecinos para que "cuiden de las ermitas por ser públicas". Y esta de San Miguel lo es. 

  .- 1736. Joan dispone se le celebren misas tras su muerte. .- 1760. Denuncia el Visitador del Obispado que la Ermita de San Miguel está "sin llabe". 

  .- 1788. Dispone don Juan de Cegama y Alciturri, Presbítero y Beneficiado de este lugar y Beneficiado de Alsasua, se entregue "un robo de trigo a San Miguel Arcangel". 

  .- 1790. Juan Félix de Andueza encarga "dos misas a dos pesetas por cada una en la ermita de San Miguel y otras dos en San Lorenzo". 


Recreación embellecida de la imagen de San Miguel 
existente en la ermita de Aranarache


  .- 1799. El Visitador del Obispado hace notar, tras visitar la ermita, "que el Santo está mui biejo y deforme, de modo que causa irreverencia y deshagan el Vultto del Santo y el retablo, y enterrando sus pedazos, hagan otra efigie y retablo decente". 

  .- 1814. Con motivo de la defunción de Joaquín Francisco Ruiz de Larramendi se dice en el Libro de Difuntos: "Su cuerpo se enterró en la hermita de San Miguel, destinada provisionalmente para Campo Santo". .

  - 1827. En las Cuentas de ese año se anota el de "160 Reales de vellón a los oficiales que se han empleado a componer la hermita". 

  .- 1865. Nuevos arreglos por importe de 538 Reales. 

  .- 1873. Anotación en el Libro de Cuentas: "Convinieron los cofrades en emplear los 254 Reales que son el fondo de esta cofradía en la extensión del cementerio, que es de suma necesidad".


Fachada de la ermita de San Miguel de Aranarache en Améscoa Alta
Fachada de la ermita de San Miguel Arcángel, Aranarache.
Fotografía cedida por Javier Irurzun




 


No hay comentarios:

Publicar un comentario