En agosto pasado publiqué lo de "hacerse una aurora en Améscoa/Urbasa", como reclamo para la observación de un preamanecer, alba o crepúsculo matutino, por su espectacular grandeza. Hice mención a la belleza del proceso y a su duración y recibí algún comentario cuestionando ese placer en el tiempo invernal por el frío y viento reinantes en los lugares altos y despejados que yo recomendaba.
Hace
unos días, he podido observar unas fotografías de mi amiga Monika, sobre un
preamanecer invernal y he recordado aquellos comentarios. Como ya no puedo
disfrutar de ese placer de subir a mis observatorios preferidos para ver las
primeras luces del día, me he deleitado viendo las fotos que ha obtenido ella y
revisando mi archivo fotográficos, para revivir momentos verdaderamente gratos que he pasado contemplando este proceso natural.
Me he encontrado en la agenda con dos días de enero del año 2008, en que subimos Arantza y yo a ver el alba. Excepcional, porque yo siempre subía solo. Concretamente, los días 25 y 26, viernes y sábado. El viernes, día frío con algo de niebla, pero baja, que se fue rápido, y el sábado, día muy frío, 1ºC en Eulate, y una niebla tupida abajo y arriba. Casi no encontraba mi emplazamiento habitual.
Como he avanzado, la desventaja del preamanecer en invierno, era
el frío. Porque no solo se trataba de observarlo, sino de fotografiarlo y eso
no se podía hacer desde dentro del coche. Y había que hacerlo sin guantes, para
ajustar la cámara a los continuos cambios de luz, en cantidad y calidad que se
producían. Pero ya tenía hábito y además, “sarna con gusto, no pica”.
Por
otro lado el sol sale mucho más tarde y para los enemigos de madrugar, supone
una ventaja.
También la fauna acompañante es mucho más reducida. No hay ganado, salvo yeguas, que supongo son las cercanas de los García de Albizu, antes yo les llamaba, las yeguas de Julián. En vuelo solo pudimos ver, tampoco es que hubiera mucha luz, ni que la niebla ayudase mucho, a cuervos y buitres. Supongo a por el condumio necesario.
En el caso del buitre al menos, doblemente necesario, porque están
empollando el huevo en el nido y lo hacen por turnos, aunque el mayor tiempo lo
pasa la hembra, mientras el otro miembro de la pareja sale a tratar de
alimentarse. Algo difícil, en una época del año en que apenas hay ganado en la
sierra y la carroña disponible está bajo mínimos. Salvo la que dispense el
comedero de Zudaire.
Vamos a "fichar" por un día más de vida. Lo cubran las nubes o no. Cante el gallo o no. ¡Vamos a hacerlo bueno!

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