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Amaneceres de abril, madrugones de buitres en Améscoa/Urbasa



Buitre en vuelo en amnecer en Améscoa
Buitre en vuelo sobre preamanecer en Arantzaduia
Foto de archivo propio

        Amaneceres de abril,

        madrugones de buitres

 

            Apirileko egunsenti,

            saiak goiz jaiki

                

Las parejas de buitres leonados ponen un único huevo al año, entre los meses de enero y febrero. De la incubación se encargan, en alternancia, ambos miembros de la pareja, y el huevo, normalmente, eclosiona entre marzo y abril. 


Urbasa y el fitness del pito negro

Tocón de haya reducido a virutas por un pito negro a la búsqueda de alimento
Tocón de haya viejo muy empapado, recién trabajado
 por un pito negro con virutas de madera grandes y muy húmedas.
Foto facilitada por Carlos García Iñiguez.
 

El picamaderos negro, Dryocopus martius, se castiga de vez en cuando con duros y, aparentemente, frenéticos ejercicios sobre viejos troncos de árboles vetustos o tocones ya extintos en los hayedos de Améscoa y Urbasa. No lo hace para estar en forma, lo hace a fin de alimentarse.

Chova, una amescoana de altos vuelos

 

Chova en pequeña repisa. Observar el apoyo de garras.
Foto de archivo propio

Ya contaba en este blog en abril del año pasado que la chova piquigualda anidaba también en el Himalaya y era la única ave en hacerlo. Está pues justificado calificarla como de “altos vuelos” y así es porque no se encuentra cómoda a bajas altitudes. 

Buitre leonado, vecino ejemplar de Améscoa y Urbasa (I)

 
           Buitre leonado volando sobre el Nacedero del Urederra (Baquedano)

Es muy probable que el buitre fuera residente en esta zona tiempo antes de que los seres humanos fueran habitantes estables. El  hábitat, salvando las Glaciaciones, era incluso más favorable para un ave carroñera dotada de altas capacidades que para el hombre, todavía muy limitado, en cualquiera de las fases del Paleolítico.

Chova piquigualda, anida también en el Himalaya

 

Pareja de chovas piquigualdas en el Balcón de Ubaba, 

sobre el Nacedero del Urederra


En mi trabajo “El buitre, un viejo amigo”*, dije haber observado algunos acosos en vuelo de córvidos sobre buitres posados en solitario, en ocasiones con aparente agresividad. Se trataba, generalmente, de bandadas numerosas de chovas, piquirrojas o piquigualdas indistintamente, volando con excesiva proximidad a buitres estacionados, siempre aislados, hasta hacerles abandonar su posición.