Joven arrendajo agonizante enfermo y próximo a expirar
Fotografía de archivo propio
La tierra no pide disculpas por el cuerpo que cae (J.Robinson Jeffers).
Mirando fotos, algo que hacemos con cierta frecuencia desde que estamos
exiliados, dimos con una secuencia en cierto modo triste, pero, por otra parte, una muestra muy breve y realista de que la naturaleza no es la de los cuentos y
“no cría todo lo que pare”.
Caminando un día hacia las
balsas de Bardoitza, vimos un "gallico" (así se conoce en Améscoa al arrendajo) muy
joven parado en mitad del camino.
Arrendajo posado en el camino a Zelaizarana.
Fotografía de archivo propio
Se movía poco, aunque estaba erguido. Pero se le cerraban los ojos y se le notaba, sin presumir de conocimientos al respecto, que no le quedaba mucha vida.
Estuvimos un buen rato observándolo. Un poeta estadounidense escribía “La tierra no pide disculpas por el cuerpo que cae; el ala que se detiene entra en el mismo orden que la piedra y la lluvia". Pero el ”gallico" estaba allí vivo y vimos su agonía.