Francisco Ruiz
de Larramendi Leunda (1937-2017), Paco Ruiz, sabía mucho de la sierra. No solo por los años
que había vivido en ella, sino porque la amaba. Y contagiaba fácilmente ese amor por esa
tierra indómita.
A lo largo de muchos
años de amistad nos fue transmitiendo ese amor que él sentía en pequeñas dosis,
de forma casi inadvertida. Y una parte del conocimiento en que se sustentaba.
Hoy, que nos vemos
privados de poder envolvernos en sus nieblas, deleitarnos con sus crepúsculos y
caminar por sus rasos y por sus hayedos, le añoramos a él y recordamos con cariño aquellos consejos para
el camino que nos daba al emprender la andada.
Hace poco Juan Carlos
Urra me envió una fotografía del eléboro, tomada en la Aldaia de Zudaire, y me
vino a la memoria una experiencia que nos contó Paco al respecto habida con
dicha planta. Y que nos sirvió de prevención, porque la veíamos con frecuencia,
tanto en el hayedo como en terrenos despejados y resultaba bastante vistosa
como para que tentase tocarla.
Nos contó Paco que, tras haberla manipulado en una ocasión, tuvo luego una serie de problemas cutáneos, derivados de haberse tocado cara y párpados con manos y dedos con los que había tocado la planta.
Efectivamente, el
eléboro, eléboro fétido, (Helleborus foetidus), que esa es la planta en
cuestión, es una planta perenne que crece en zonas de montaña, que puede
alcanzar medio metro de altura. Y florece en invierno y en primavera.
Es ligeramente tóxico
para personas y ganado, aunque, por ingestión, no llega a ser mortal.
Se ha llegado a decir
que su ingestión podía ser letal y es legendario su uso en el envenenamiemto de
flechas y dardos, para que las heridas causadas por los mismos fueran agravadas
por la ponzoña del eléboro y causaran la muerte. De ahí la denominación de “hierba
de los ballesteros” o “de los arqueros”.
La intoxicación sería producida por los glucósidos cardiotónicos que hacen efecto sobre el corazón y por las saponinas, que son tóxicas para el aparato digestivo.
La manipulación del
eléboro y el contacto con la piel pueden causar irritación de la misma,
llegando a producir ampollas.


