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Paco Ruiz, sus consejos y la hierba de los ballesteros

Paco Ruiz de Larramendi Leunda 

Francisco Ruiz de Larramendi Leunda (1937-2017), Paco Ruiz, sabía mucho de la sierra. No solo por los años que había vivido en ella, sino porque la amaba. Y contagiaba fácilmente ese amor por esa tierra indómita.


A lo largo de muchos años de amistad nos fue transmitiendo ese amor que él sentía en pequeñas dosis, de forma casi inadvertida. Y una parte del conocimiento en que se sustentaba.


Hoy, que nos vemos privados de poder envolvernos en sus nieblas, deleitarnos con sus crepúsculos y caminar por sus rasos y por sus hayedos, le añoramos a él y recordamos con cariño aquellos consejos para el camino que nos daba al emprender la andada.


Hace poco Juan Carlos Urra me envió una fotografía del eléboro, tomada en la Aldaia de Zudaire, y me vino a la memoria una experiencia que nos contó Paco al respecto habida con dicha planta. Y que nos sirvió de prevención, porque la veíamos con frecuencia, tanto en el hayedo como en terrenos despejados y resultaba bastante vistosa como para que tentase tocarla.


Eléboro en la Aldaia de Zudaire a final de febrero
 y a primeros de abril en Arratondo. Foto primera facilitada 
por Juan Carlos Urra y segunda, de archivo propio.


Nos contó Paco que, tras haberla manipulado en una ocasión, tuvo luego una serie de problemas cutáneos, derivados de haberse tocado cara y párpados con manos y dedos con los que había tocado la planta.


Efectivamente, el eléboro, eléboro fétido, (Helleborus foetidus), que esa es la planta en cuestión, es una planta perenne que crece en zonas de montaña, que puede alcanzar medio metro de altura. Y florece en invierno y en primavera.



Esquema morfológico del eléboro fétido

Es ligeramente tóxico para personas y ganado, aunque, por ingestión, no llega a ser mortal.


Se ha llegado a decir que su ingestión podía ser letal y es legendario su uso en el envenenamiemto de flechas y dardos, para que las heridas causadas por los mismos fueran agravadas por la ponzoña del eléboro y causaran la muerte. De ahí la denominación de “hierba de los ballesteros” o “de los arqueros”.


Imagen fantasiosa de un arquero inglés de longbow (arco largo) 
preparándose para impregnar de veneno una flecha.

La intoxicación sería producida por los glucósidos cardiotónicos que hacen efecto sobre el corazón y por las saponinas, que son tóxicas para el aparato digestivo.


La manipulación del eléboro y el contacto con la piel pueden causar irritación de la misma, llegando a producir ampollas.