Homenaje convocado por los ayuntamientos amescoanos por los asesinados en la sima de El Raso de Urbasa. Foto de archivo propio.
Hoy, hace 90 años Améscoa llegó al más alto nivel de barbarie e infamia en su historia.
Tal día como hoy, 7 de septiembre, lunes, en 1936, algunos de sus vecinos, siguiendo las directrices generales emitidas por Mola e interpretadas con mayor o menor celo por uno o dos alcaldes, sacaron de la cárcel de Eulate, transportaron a la Sierra de Urbasa y asesinaron a tres ciudadanos honrados a tiros de arma corta en el cráneo y arrojaron sus cuerpos a una sima. Ahora conocida como la "Sima del Raso".
No hubo enjuiciamiento previo, ni causa alguna, contra las víctimas, que eran:
+ Balbino García de Albizu Usarbarrena, 59 años. Casado, siete hijos. Guarda jurado destituido de su cargo. UGT de Trabajadores de la Tierra. Nacido y vecino de Eulate.
+ Gregorio García Larrambebere, 48 años. Viudo, sin hijos. Concejal electo del ayuntamiento de Eulate destituido de su cargo. UGT de Trabajadores de la Tierra. Nacido en Muneta, vecino de Eulate.
+ Balbino Bados García, 29 años. Casado, un hijo. Maestro de escuela en Peralta destituido de su cargo. Fundador de la UGT de Améscoa Baja. Nacido en San Martín de Améscoa y residente en Peralta.
La causa de la destitución y del asesinato, la misma: Su adscripción a un sindicato, UGT concretamente, legal durante la Segunda República, que defendía ideas de progreso y de justicia. Su muerte, ejecución o crimen, no se comunicó, ni siquiera que hubiera ocurrido, ni por tanto, el lugar donde se hubiera producido.
Pero no fueron los únicos vecinos amescoanos (realmente el maestro de escuela no residía en Améscoa; estaba de vacaciones). El marido de la maestra de Baquedano, Ramón López Álvarez, 49 años, y cuatro hijos, vendía fruta con una camioneta que tenía a medias con un vecino de Baquedano. El mismo día, 7 de septiembre, fue detenido por un grupo de irregulares amescoanos y no se supo más de él.
Ya habían asesinado a Domingo Bados García en Alsasua. Expulsado a Félix Goya Urbieta y familia de Eulate, que sería asesinado en Gipuzkoa. Asesinarían aún a Julián Ortiz de Lazcano González de Matauco, vecino de Ecala, tirado a la sima de Otsoportillo. Vendrían los destierros, las destituciones, los maestros expedientados, los que tuvieron que exiliarse, la represión económica, incautaciones y embargos.
Y, con el paso de los años vendría la reflexión y el reconocimiento del imprescriptible derecho a la verdad. Y el nacimiento y desarrollo del Proyecto Amescoano de Memoria Histórica.
Y en marzo de 2012, los cuatro ayuntamientos amescoanos suscrbían, cada uno de ellos, un documento que decía así:
"Los cuatro ayuntamientos de este valle, como con anterioridad lo han hecho el Congreso de los Diputados de España y el Parlamento de Navarra, deseamos hacer una declaración en recuerdo, reconocimiento y reparación moral de los vecinos de este valle asesinados en 1936, de sus familias, de otros amescoanos que fueron represaliados por sus ideas y de los ayuntamientos, democráticamente elegidos, que fueron privados de sus cargos y sustituidos por personas afines al golpe militar.
Y para ello suscribimos la declaración siguiente:
Es público y notorio que en Navarra, uno de los lugares donde se gestó el golpe militar contra la República democráticamente constituida, no se desarrolló en 1936 enfrentamiento bélico alguno y, sin embargo, más de tres mil personas fueron asesinadas por ser consideradas afines a la República o simplemente por sus ideas.
Que cinco de ellas eran naturales, vecinas o transeúntes en este valle y padecieron una muerte indigna, de forma premeditada y alevosa, sin el menor atisbo de legalidad y sin oposición alguna por parte de instancias municipales ni eclesiásticas locales:
+ Balbino Bados García (San Martín de Améscoa, 1907-Urbasa, 1936).
+ Balbino García de Albizu Usarbarrena (Eulate, 1877-Urbasa, 1936).
+ Domingo Bados García (San Martín de Améscoa, 1903-Alsasua, 1936).
+ Félix Goya Urbieta (Oiartzun, 1885-Oiartzun, 1936).
+ Gregorio García Larrambebere (Muneta, 1888-Urbasa, 1936). Que los familiares debieron sumar al drama de la pérdida de un ser querido , en casi todos los casos el cabeza de familia, toda la injusticia derivada de un golpe militar y la de una situación económica penosa. además del dolor y la situación de incertidumbre generada al no ser reconocidas las muertes producidas, ni a efectos civiles, ni a efectos religiosos.
Que varios vecinos de este valle fueron multados por sus ideas o por suponer que habían votado a partidos no afectos a los golpistas.
Que se nombraron gestoras por la autoridad militar, previa destitución fulminante, como el caso de Eulate, de un ayuntamiento democráticamente elegido..
Que en este valle, un velo de silencio ha cubierto estos acontecimientos a pesar de afectar a numerosos vecinos vecinos y sus familias.
Que esta sociedad puede y debe saldar aquella tragedia consigo misma y colmar ese vacío de justicia. Y, aunque tardíamente, contribuir así a una convivencia más justa y respetuosa de todas las ideas.
Que ninguna idea puede justificar tamaña barbarie que deshumaniza a la víctima hasta su límite máximo, la muerte; que siembra el dolor en sus seres más queridos; que degrada hasta lo más bajo a los ejecutores y que deja un legado marcado por sufrimientos y rencores a las generaciones futuras.
Así pues, nunca más y para nadie aquellos horrores.
Por todo ello, estos ayuntamientos declaran que aquellos hombres fueron vilmente asesinados sin justificación alguna, antes al contrario, por haber defendido, sin otras armas que la actividad política, sus ideas de libertad, progreso y justicia social.
Y finalmente, instan al Gobierno de Navarra a procurar, con los medios materiales y humanos necesarios, la exhumación, edificación y enterramiento de las citadas víctimas.
Iñaki Ruiz de Larramendi, Alcalde de Eulate, lee unas palabras. Junto a él. Diego Urra (Améscoa Baja), Flor Gaviria (Larraona) y Alfonso Ulibarri (Aranarache). Foto de J.Javier Sáenz García de Albizu.


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