El sol no ha cambiado sus hábitos. Sus efectos en Améscoa, sí.

Balsa de Arantzaduia, en Limitaciones de Améscoa, lado sur de Urbasa
Balsa de Arantzaduia (Monte Limitaciones de Améscoa), Sur de Urbasa.


        Hablamos del sol más que nunca estos últimos días. 

  Por el calor, las temperaturas, los incendios, el cambio climático, la sequía, el eclipse.

  El sol lleva millones de años haciendo posible la vida sobre nuestro planeta y el ser humano lleva miles de años siendo consciente de que eso es así y viviendo del sol y respetando unas reglas mínimas de convivencia.

   Hemos olvidado que el sol funcionaba con sus propias reglas y que estas eran inamovibles, que no se le podía programar como a un electrodoméstico y la hemos cagado.




Males causados por un planeta que ha descuidado su "tejado" de protección ante el sol.
Culpabilizamos al Sol de muchos de los problemas que se están generando.

  Nos hemos movido a nuestro aire, hemos descuidado todos los filtros, toda la cubierta que nos protegía de la fuerza viva del astro rey. Ese tejado, esa sombra que nos resguardaba de la fuerza que él, por sí mismo, no puede regular.

   Hemos rebasado la línea roja. No poco. Cuatro pueblos o así.

 Conviene dar un paso atrás, aunque sea para salvar los muebles.


 Los factores reales que han roto el equilibrio


  1.- La quema masiva de combustibles fósiles

  

  Al quemar petróleo, gas y carbón día y noche para vivir, para movernos, para producir, hemos puesto una tapadera de cristal sobre nosotros. 


Exagerado consumo de combustible fósil en automoción individual
Representación gráfica del consumo masivo de combustible fósil 
en el transporte individual de vehículos por carretera.


  La luz del sol la atraviesa pero el calor no se evacúa. La caldera se queda cerrada. Cada vez oiremos más a los meteorólogos hablar del efecto "cúpula de calor". Es una especie de cepo en el que vamos a caer cada vez con más frecuencia.



  2.- Nuestro descuido con los espacios naturales, los empobrece, de una parte, y genera incendios graves. 


 Un monte sin gestión adecuada o un suelo agrícola sobreexplotado y sin materia orgánica, pierde la capacidad de retener agua de lluvia. Sin humedad en la tierra, la radiación solar secuestra el suelo instantáneamente, destruyendo la "climatización natural" que las masas forestales y el campo bien cuidado proporcionaban históricamente.

  Y, por otro lado está el fuego, que siempre formó parte del ciclo natural. Pero el descuido y la falta de prevención han alcanzado tal punto de desidia que los incendios pasan facturas gravísimas en costes materiales, naturales, sociales y en vidas humanas. 


Ante los incendios actuales ya no cabe el ataque, sino la defensa.

  Un incendio forestal equivale, en esencia, a encender de golpe miles de motores de combustión. Libera de una vez el carbono que la naturaleza había guardado durante décadas y destruye el bosque que podía volver a absorberlo. 

  Un monte ardiendo no solo deja de tragar dióxido de carbono. sino que, además, equivale a los efectos de la quema de combustible fósil, desertiza, empobrece suelos, pueblos, fauna y personas.



  3.- Estamos echando el freno a energías limpias


  Tener la fuerza del sol, del viento o del mar, como fuentes alternativas y no aprovecharlas es dejar un futuro hipotecado para nuestros descendientes. 



Muestrario de fuentes de energía limpias
El viento, el sol y las mareas o las olas (aún en fase de estudio) 
son energías limpias que nos pueden salvar de un suicidio ecológico.

  Y con frecuencia, por motivos puramente políticos o coyunturales. Motivos tan pasajeros como los que se opusieron a la instalación del ferrocarril, a los postes de conducción eléctrica o a las vacunas. 

  La no aceleración de energías limpias está prolongando la vida de las minas de carbón, de la explotación de pizarras bituminosas, de centrales térmicas y de centrales nucleares obsoletas, en definitiva de la producción de energía mediante la combustión de elementos fósiles o de generación de residuos radiactivos, que contribuyen a hacer del planeta una bomba de relojería. 



  4.- Hacemos ciudades olvidadas de la cultura de la sombra. 


  Las ciudades, en aras de la luminosidad y de la cultura panorámica han abandonado la cultura de la sombra. 

  Calles sin árboles, plazas sin umbrías, fachadas acristaladas que reflejan la luz como espejos y hormigón y cemento que acumulan y conservan el calor sin tregua.


El calor en las ciudades sin cultura de la sombra.
Construimos ciudades abiertas sin "cultura de la sombra", sin arbolado.


  Y la solución genera más problema, porque, a corto plazo, solo se remedia, para el que tiene recursos, con climatización, que agudiza ese  consumo de combustibles fósiles, mayoritario en el mundo. 


    
       Tres frases de gente que opina y no se muerde la lengua


  1. Fernando Valladares (Investigador del CSIC):

«El sol solo cumple las leyes de la física. Lo suicida es haber destruido la amortiguación natural del planeta y pretender que el clima siga comportándose como si no hubiéramos tocado nada.»


  1. Yayo Herrero (Antropóloga y referente en ecología):

«Nos hemos creído independientes de la tierra, pero ningún sistema económico ni ninguna tecnología pueden fabricar la sombra, el agua o el aire limpio que acabamos de cargarnos.»


  1. Jorge Riechmann (Ensayista y ecólogo):

«No estamos sufriendo una anomalía del tiempo: estamos cosechando el resultado de haber declarado la guerra a los límites de la física. La naturaleza no negocia.»


Y una impertinencia:

Imagen simulada del próximo eclipse

  La semana que viene iremos a ver un eclipse. ¿Quemaremos mucho combustible fósil para hacerlo? 

  El sol no ha cambiado sus hábitos; nosotros sí.






 

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