El picamaderos negro, Dryocopus martius, se castiga de vez en cuando con duros y, aparentemente, frenéticos ejercicios sobre viejos troncos de árboles vetustos o tocones ya extintos en los hayedos de Améscoa y Urbasa. No lo hace para estar en forma, lo hace a fin de alimentarse.
Es el
pájaro carpintero más grande de Europa, de 40/50 cm de largo y 60/70 cm de
envergadura, de plumaje completamente negro, salvo un copete rojo en la cabeza
de los machos y una mancha roja en la nuca de las hembras.
Se reproducen
de marzo a julio. Construyen el nido en un hueco grande habilitado en el tronco
de un árbol viejo y situado a considerable altura. La puesta es de tres a seis
huevos, incubados por los dos miembros de la pareja, que igualmente se ocupan
de su alimentación. Tras un mes de permanencia en el nido, lo abandonan.
Me
dice Carlos que estos nidos son con frecuencia, aprovechados más tarde por
mitxarros.
Es residente en el hayedo de Améscoa y Urbasa.
Es
muy difícil llegar a verlo, pero no es raro oírlo cuando está en plena tarea de
picar madera. Actividad a la que se dedica para alimentarse de insectos
devoradores de madera que localiza en árboles viejos, perforando la
debilitada estructura leñosa mediante su largo, duro y potente pico. Perfora la
madera, la penetra y se alimenta de las hormigas y escarabajos que encuentra en
su interior.
Mi
amigo Carlos me ha remitido la magnífica foto que he reproducido en la entrada,
que muestra un tocón, empapado por la lluvia, del que la madera se ha desprendido en
virutas grandes, ante la actividad del pito negro.


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