Amaneceres de abril,
madrugones de buitres
Apirileko egunsenti,
saiak goiz jaiki
Las parejas de buitres
leonados ponen un único huevo al año, entre los meses de enero y febrero. De la
incubación se encargan, en alternancia, ambos miembros de la pareja, y el
huevo, normalmente, eclosiona entre marzo y abril.
El pollo, al nacer,
pesa cerca de 200 gramos, y está poco protegido, por lo que la madre debe
proporcionar calor al recién nacido.
A partir del primer
mes, el plumaje se hace más denso y la temperatura exterior es más elevada, con lo que
el pollo puede ya quedar solo con más frecuencia en el nido.
La pareja puede y debe salir a buscar alimentos. Es obligado, al haber una boca más que alimentar. El tiempo es más propicio y empieza a haber más ganado en la Sierra y, en consecuencia, más posibilidades de carroña..
Los buitres madrugan mucho y aunque el sol se demora todavía en su salida, se aprecia esto desde la distancia. Yo percibía como
una nube de buitres en vuelo sobre el circo del Nacedero, desde casi tres kilómetros al Oeste, donde estaba situado, algo que vi repetirse con frecuencia a partir de primeros de abril. Ignoro si desentumecen los músculos que mueven sus alas
aprovechándose de las brisas matinales y de las corrientes ascensionales que
generan.
Los he visto a hora
muy temprana, en el preamanecer, desde donde tenía mi puesto de caza de
crepúsculos matutinos.
Tras ese calentamiento, parecían ir tomando posiciones. Unos ejemplares, en número muy reducido, se situaban sobre ramas despejadas de las hayas dominantes, y parecían vigilar la posible existencia de carroña en el territorio circundante. Y el resto, se posaba en grupos bastante numerosos sobre lugares más o menos altos, bien situados para poder emprender el vuelo sin esfuerzo excesivo.
Cerca de donde yo solía colocarme, habían elegido un haya que ocupaban siempre entre uno y tres buitres. No compartían mucho tiempo la tarea, ya que en menos de quince minutos, solo quedaba uno de ellos y siempre en la misma posición.
Comprobé más tarde
que desde su puesto, y teniendo en cuenta que la rama estaba situada a buena altura y que su visión es mucho más sensible y aguda que la del ser humano, dominaba
buena parte del Raso de Urbasa.
Yo seguía a lo mío,
que era la observación del crepúsculo matutino, pero no podía menos que retener
las maniobras, perfectamente organizadas, que realizaban los buitres.
Como los tres primeros kilómetros del lado Oeste de Limitaciones han sido cultivados y existen aún parcelas cerradas o semicerradas y numerosas bardas de endrinos y espinos, la observación para los buitres aquí es más dificultosa.
Hay hayas dispersas y muchos obstáculos que dificultan la visión. Pero sí hay buenas posibilidades de hallar carroña por la existencia de ganado (bovino, equino y ovino) y los buitres lo saben.
Dadas las dificultades de visión volaban en grupo
amplio sobre la zona (como si fuera un vuelo de reconocimiento) hasta el kilómetro 3,5 aproximadamente, cerca de la fuente de
Zulokoiturri y se posaban en sus proximidades. En ese vuelo, oteaban toda la
franja de Limitaciones del Ginebral, la Barranca, Arantzaduia, hasta las
Majadas de Eulate. Y ahí se paraba a reposar toda la troupe.
Como las explotaciones agrícolas y ganaderas de esta parte de Limitaciones, vienen realizándose desde hace siglos, si no milenios, las maniobras que he descrito como realizadas por los buitres, parecen estar en su ADN y nacer los pollos con los recorridos aprendidos.
Y así será, claro está, mientras haya agricultura, ganado y buitres
en Limitaciones. Y alguien para escribirlo. Que no falte.
Porque, como bien me dijo Jose Miguel de Barandiaran en 1989: "Escriba, escriba, porque lo que no se escribe no existe".

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