Retirada a tiempo: Porque el zarpazo fue corto pero intenso.
Calles de Eulate a los dos días de la bajada del rebaño.Foto de Pili Ruiz de Larramendi.
He
querido resaltar la foto de la nevada en Eulate, donde quedó el rebaño, a 730
metros de altitud, frente a los 930 metros de altitud de las Majadas de Eulate
donde pastaban dos días antes.
Sí,
pastaban. Porque dice Patxi las ovejas tienen el morro fino y afeitan la hierba
por corta y tiesa que sea. Y, por complicado que sea mordisquearla,
como pasa en zonas pedregosas como Larregoiko o las cercanías del Balcón del
Nacedero. Vacas y yeguas lo tienen peor.
Y que,
aunque seca, la hierba “tenía mucha fuerza”. Por otro lado, las latxas
se buscan suplementos en la flor de brezo, abundante este año, y en las hojas
del espino.
Y para cuidar bien las maternidades avanzadas, Patxi y Monika desde septiembre, sea bueno o malo el año, siempre les refuerzan la
alimentación con una ración de pienso. Dice Patxi: La oveja ya está gestando
el cordero, que se está desarrollando y
nos importa cuidarlos a ambos.
En lo referente a la sequía, tampoco han
tenido problemas en sus áreas de pasturaje habituales. Entre el agua de Lastameta,
en el lado de Urbasa, y la fuente de los Mojones (antes Okolokiturri) en
el lado de Limitaciones de las Améscoas.
Fuente y bebederos de Los Mojones (Okolokiturri en lo antiguo). Fotos de Monika Ruiz de LarramendiSí le
han preocupado las consecuencias que puedan derivarse a plazo en los acuíferos y
que puedan resultar irreversibles. Y ha sido un hecho que la lluvia de primeros
de noviembre ha servido para poco, porque al ser muy tardía, ha generado una
hierba muy débil.
La Movida
Vayamos
pues a la retirada que se adelantó un par de días, porque ya tenían puesto el
20 de noviembre, pero la alarma de nevada fuerte hizo obligado el adelanto.
Patxi
siguió el protocolo establecido. Recogió el rebaño al completo, ovejas
(preñadas y a falta de un par de semanas para parir) y carneros, por la mañana y
les dio la ración de pienso correspondiente.
Almuerzo del rebaño antes de la partida.Foto de Pili Ruiz de LarramendiTras
el desayuno, las volvió a meter a todas en el estajo. Y escogió unas cuantas
ovejas tranquilas, veteranas, no excesivamente agobiadas por la preñez y les
puso las zumbas. Con estos cencerros grandes las nombraba guías del rebaño para
el descenso.
Como
especie gregaria que es el ovino, el sonido continuo que abre la marcha sirve
para producir tranquilidad y sosiego y un seguimiento ordenado. Un total de
seis zumbas colocó este año Patxi con ayuda de Aritz.
Patxi coloca las zumbas con ayuda deAritz Usarbarrena, su sobrino.Foto de Pili Ruiz de Larramendi.Y
dispuesto el rebaño y dispuestos los otros dos ayudantes, los perros de pastor,
Kaiser y Txapel, se pusieron en marcha y se despidieron hasta otro año de esta
majada.
Rebaño saliendo del estajo y alejándose de las Majadas.Fotos de Pili Ruiz de Larramendi.El
recorrido de vuelta era complicado. De una parte, debía ser llevado a ritmo
suave para que lo soportaran bien las preñadas, que eran mayoría. Por otro
lado, no se podía hacer un recorrido razonable porque continuaba cortado el
descenso del puerto por el desplome de una gran roca.
Se
orilló para el ascenso en la primavera y pasaron, pero hacerlo para el descenso con la torpeza añadida
derivada del embarazo avanzado era un riesgo a evitar y Patxi prefirió dar una
vuelta más larga y evitar el obstáculo y una posible pérdida. Pérdida doble además, de la oveja y del
cordero que iba a nacer.
Rocas caídas sobre el camino del puerto de Koparazio y que lohacen intransitable.Foto de Monika Ruiz de Larramendi.
Se
dirigió el rebaño en sentido Oeste, hacia el puerto más alejado, pero
transitable, el de Gonea, atravesando el portillo de Marisistela, el portillo
de Iara y el Raso Largo.
Movimientos del rebaño por el Monte Limitaciones en dirección al Puerto de Gonea con Aritz de cierre. Fotos de Pili Ruiz de Larramendi.
Pasado el boquete del
puerto descendieron en sentido Este, abandonándo esa pista para enlazar con senda
que les llevó a su destino, el extremo oriental de Eulate.
Descenso del puerto de Gonea y desvío hacia el Este.Fotos de Amaia Garcia de Albeniz.Bajaron pues con calma y sin ninguna prisa. Y aún y todo, dice Patxi, siempre hay alguna oveja que sufre más y lo pasa mal, aunque vayas muy despacio.
Tardaron una hora y tres cuartos en completar el traslado y no les dio agua al llegar porque fueron bebiendo en los charcos, en todas las “microparadas” que hicieron, que fueron muchas. Aunque precisa que son de poco beber.
Tras separar los carneros, metió las ovejas en la pradera del Calvario, donde acostumbran, para darles tranquilidad tras el agitado recorrido.
El Calvario de Eulate y el reposo de las preñadas tras la caminata.
He querido resaltar la foto de la nevada en Eulate, donde quedó el rebaño, a 730 metros de altitud, frente a los 930 metros de altitud de las Majadas de Eulate donde pastaban dos días antes.
Sí, pastaban. Porque dice Patxi las ovejas tienen el morro fino y afeitan la hierba por corta y tiesa que sea. Y, por complicado que sea mordisquearla, como pasa en zonas pedregosas como Larregoiko o las cercanías del Balcón del Nacedero. Vacas y yeguas lo tienen peor.
Y que, aunque seca, la hierba “tenía mucha fuerza”. Por otro lado, las latxas se buscan suplementos en la flor de brezo, abundante este año, y en las hojas del espino.
Y para cuidar bien las maternidades avanzadas, Patxi y Monika desde septiembre, sea bueno o malo el año, siempre les refuerzan la
alimentación con una ración de pienso. Dice Patxi: La oveja ya está gestando
el cordero, que se está desarrollando y
nos importa cuidarlos a ambos.
En lo referente a la sequía, tampoco han
tenido problemas en sus áreas de pasturaje habituales. Entre el agua de Lastameta,
en el lado de Urbasa, y la fuente de los Mojones (antes Okolokiturri) en
el lado de Limitaciones de las Améscoas.
Sí le
han preocupado las consecuencias que puedan derivarse a plazo en los acuíferos y
que puedan resultar irreversibles. Y ha sido un hecho que la lluvia de primeros
de noviembre ha servido para poco, porque al ser muy tardía, ha generado una
hierba muy débil.
La Movida
Vayamos
pues a la retirada que se adelantó un par de días, porque ya tenían puesto el
20 de noviembre, pero la alarma de nevada fuerte hizo obligado el adelanto.
Patxi siguió el protocolo establecido. Recogió el rebaño al completo, ovejas (preñadas y a falta de un par de semanas para parir) y carneros, por la mañana y les dio la ración de pienso correspondiente.
Tras
el desayuno, las volvió a meter a todas en el estajo. Y escogió unas cuantas
ovejas tranquilas, veteranas, no excesivamente agobiadas por la preñez y les
puso las zumbas. Con estos cencerros grandes las nombraba guías del rebaño para
el descenso.
Como
especie gregaria que es el ovino, el sonido continuo que abre la marcha sirve
para producir tranquilidad y sosiego y un seguimiento ordenado. Un total de
seis zumbas colocó este año Patxi con ayuda de Aritz.
Y
dispuesto el rebaño y dispuestos los otros dos ayudantes, los perros de pastor,
Kaiser y Txapel, se pusieron en marcha y se despidieron hasta otro año de esta
majada.
El
recorrido de vuelta era complicado. De una parte, debía ser llevado a ritmo
suave para que lo soportaran bien las preñadas, que eran mayoría. Por otro
lado, no se podía hacer un recorrido razonable porque continuaba cortado el
descenso del puerto por el desplome de una gran roca.
Se orilló para el ascenso en la primavera y pasaron, pero hacerlo para el descenso con la torpeza añadida derivada del embarazo avanzado era un riesgo a evitar y Patxi prefirió dar una vuelta más larga y evitar el obstáculo y una posible pérdida. Pérdida doble además, de la oveja y del cordero que iba a nacer.
Se
dirigió el rebaño en sentido Oeste, hacia el puerto más alejado, pero
transitable, el de Gonea, atravesando el portillo de Marisistela, el portillo
de Iara y el Raso Largo.
Bajaron pues con calma y sin ninguna prisa. Y aún y todo, dice Patxi, siempre hay alguna oveja que sufre más y lo pasa mal, aunque vayas muy despacio.
Tardaron una hora y tres cuartos en completar el traslado y no les dio agua al llegar porque fueron bebiendo en los charcos, en todas las “microparadas” que hicieron, que fueron muchas. Aunque precisa que son de poco beber.
Tras separar los carneros, metió las ovejas en la pradera del Calvario, donde acostumbran, para darles tranquilidad tras el agitado recorrido.









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