“Imagen cedida por el Museo de
Navarra-Nafarroako Museoa”
Durante casi tres siglos el Cristo de las Agonías de Urbasa presidió la capilla del Palacio de Urbasa y fue objeto de veneración o de admiración por personas de muy variada condición. Pastores, arrieros, vagabundos, viajeros, ganaderos, veraneantes, montañeros, etc. Y por los propios amescoanos que lo incluían como destinatario de ofrendas y legados.







