Vista amplia de Urbasa, con hayedos y gran parte del Raso. De Norte a Sur.
Al pie, mirlo/tordo sobre acebo y zorzal charlo sobre muérdago.
El Otoño, madurez y reposo de la naturaleza
En tanto los árboles, arbustos y plantas
van adquiriendo su vestimenta otoñal, coloreando el paisaje y atrayendo todas
las miradas, la naturaleza habilita los “comederos de guardia” para las aves
frugívoras, como es habitual por estas fechas.
El cambio de estación
produce algunos desahucios (migraciones) entre estas aves, mientras que otras se hacen veganas por unos
meses, por falta, en el altiplano de Urbasa, de insectos y artrópodos, que forman parte de su dieta habitual en las estaciones favorables.
Abunda la literatura que
se ha ensimismado en la tristeza de la caída de la hoja y en los paisajes
grises del otoño y esa perspectiva se ha asociado con la derrota o la agonía de
la naturaleza.
Es
difícil encontrar referencias al otoño que lo entiendan como el descanso de la naturaleza tras su alto rendimiento veraniego. Como un síntoma de madurez, como quien repone fuerzas de
cara a un nuevo ejercicio. Nada que ver con una derrota.
Pero se ha escrito mucho sobre el otoño observando desde una ventana y así resulta difícil entenderlo.
Y eso, también impide conocer los “comederos de guardia”.