Los Baquedano del Palacio de Gollano tenían una larga tradición de roces, por decisiones
arbitrarias varias y desavenencias con los vecinos del lugar, donde no residieron nunca de forma continuada.
Uno de los miembros de esta saga, Antonio de Baquedano y Ozta, Señor de los Palacios de Gollano, Lácar y Olcoz, había casado con Ana María de San Cristóbal y Ballesteros. De su matrimonio, tuvieron como hijos a: Ana María (1644), Teresa (1646), Fernando (1648), Juan (1652), Catalina (1654), Josefa (1656), Andrés (1658) y estando embarazada de Diego Antonio, en 1660, falleció el progenitor, Antonio de Baquedano.
En
marzo de 1665, Ana María de San
Cristóbal, pidió para su hijo Fernando, menor de edad todavía, la jurisdicción
civil y criminal del lugar de Gollano, para lo que aportó como "argumento" 700
ducados.
Se
aprovechaban de la política seguida para la recaudación por la Hacienda Real
en Navarra, mediante la venta de cargos, títulos, oficios y privilegios. Y se
recaudaba tanto o más, por el pago que hacían por las concesiones los que las solicitaban como por los pagos que hacía los que las rechazaban para conseguir que no llegasen a producirse o que se retirasen,
una vez producidas.
Había, en este caso concreto de Gollano, un lamentable precedente, y precisamente se había producido en la concesión real a
Fernando de Baquedano, abuelo del menor, para el que se
hacía la petición. A su abuelo, reitero, dueño y señor del Palacio de Gollano, se
le había otorgado por concesión real “la jurisdicción baja y mediana del
Estado de Hijosdalgo de dicho valle de Amescua la Baja, habiendo ofrecido
servir a Su Majestad con 2.000 Ducados”. Esto ocurría en 1630 y era un sólido "argumento" para apoyar su petición.
A lo
que se opuso el Valle de Améscoa Baja y afirmó que su alcalde se responsabilizaba de la
jurisdicción baja y mediana sin necesidad de ‘otra persona alguna’. Y el Rey retirò la concesión. Pero para que el Rey retirara la concesión, el Valle
debió "ofrecer servir a Su Majestad con
2.500 Ducados porque no tuviese efecto la gracia hecha al dicho D. Fernando de
Baquedano’. Esto ocurrió en mayo de 1630.
Volvemos pues a la petición de Ana María de San Cristóbal para su hijo Fernando. Se repetía la petición 35 años después, pero con una “untada” menor. La viuda y su hijo no tenían derecho alguno a optar a la jurisdicción civil del lugar de Gollano, pero habían puesto 700 ducados en la balanza del Consejo Real de Navarra.
Y el Valle tuvo que aportar un "argumento" de 600 ducados para negarse al caso de Gollano y 1.500 Reales más para conseguir que la expresa prohibición se haga extensiva a todos los lugares del Valle.
Ya existía un precedente en el intento de José Remírez de Baquedano, en 1621 en ser tratado como Señor de San Martín, en que tras la oposición de los habitantes del lugar, obtienen éstos sentencia favorable, en 1623, por la que ‘de aquí en adelante, no se intitule ni llame, Señor de San Martín, por escrito, ni de palabra’.
En definitiva, la petición no era razonable y debìa ser rechazada, pero para que fuera rechazada y todo quedase como estaba, todos los vecinos del Valle tuvieron que pagar. Aún teniendo razón. El único que salió ganando fue la Hacienda Real, que cobró a los que tenían razón por tenerla.
Por terminar. Fernando de Baquedano y San Cristóbal, (Lácar, 1648), nunca vivió en Gollano. Contrajo matrimonio en 1671 con Francisca de Rada y Azpilcueta. Se avecindaron en Estella. En 1686 fue acusado, junto a otros vecinos y jurados, de abusos en el ejercicio de sus cargos. Falleció en 1708.
De su matrimonio con Francisca de Rada nació José Antonio de Baquedano y Rada, I Marqués de Fuerte Gollano. Pero de eso hablaré en otra ocasión.


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