Detalle que muestra la pareja de gallos sujeta al Mayo
Fotografía facilitada por Jesús Murguialday
Erré al afirmar que el gallo del Mayo de Larraona "parecía haberse apeado en los últimos años".
El Mayo se adorna con dos gallos, emparejados a la misma altura, para que se vean desde ambos lados.
Escribo desde un exilio forzado y la distancia me ha llevado al error. Me han corregido, lo que agradezco, y rectifico.
Recuerdos
Y la corrección nos trae recuerdos del día 3 de mayo de 1997, en que asistimos, Arantza y yo, primero a Misa en Larraona, acompañados de Antxon Aguirre Sorondo. Cuando a continuación se levantó el Mayo, tras 47 años de carencia.
Antxon, amigo nuestro, era un experto en temas y rituales con sabor antiguo (molinos, estelas funerarias, neveras, carnavales, ermitas, etc.). Él y José María Jimeno Jurío, también amigo, habían sumado su conocimiento de los Mayos en nuestro territorio, hoy repartido entre Álava y Navarra, al que aportaba Luciano Lapuente en sus trabajos.
Conocía muy bien el tema y su artículo, que me facilitó Gerardo Murguialday, "La fiesta de las Mayas y del Mayo en el País Vasco", había sido sumamente revelador.
Este artículo se había publicado en 1988 y decía literalmente: "Mientras que en la mayor parte de las Améscoas y la Montaña Alavesa la tradición del árbol de Mayo cayó en el olvido a mediados del siglo XX por prohibiciones de la autoridad o desinterés de las nuevas generaciones, San Vicente de Arana (Álava) constituye un reducto etnográfico excepcional. Gracias al tesón de vecinos como Longinos Abajo Alday, el rito ha mantenido intacta su pureza y su sentido original de protección de las cosechas frente a las tormentas y el pedrisco".
En dicho artículo explicaba con claridad todas las fases y técnicas del ritual en San Vicente.
El gallo
El gallo de Larraona en 1997 era de madera y adornado con plumas. Se le había hecho una perforación grande para que lo atravesase la punta del Mayo y quedase dirigiendo la vista a los sembrados, a modo de mirada protectora frente a los "nublados", que era el efecto que se pretendía produjera.
Pero el orificio practicado era grande o la punta del Mayo muy fina o ambas cosas, el caso es que el gallo se deslizó más abajo de lo esperado, en lugar de coronar el árbol. No obstante, era el adorno más alto de los que se colocaban.
Así ocurrió y así lo hizo constar Aguirre Sorondo en su crónica periodística en el Diario Vasco de San Sebastián.
Fotografía facilitada por Gerardo Murguialday



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