Tejo/Hagin (Taxus baccata) de Otsoportillo (Urbasa), M.N.30
Fotografía facilitada por Carlos García.
El tejo, un superviviente del Jurásico en nuestros bosques
Este patriarca del arbolado, ominipresente en mitos y leyendas, ha desaparecido de nuestra memoria local y de nuestros bosques.
Sabemos de su vecindad amescoana por la mención de Carlos III (1396) de "tallar taxos" para hacer arcos en los montes de Améscoa y Urbasa.
Ya hace algo más de medio siglo, cuando Javier Irigaray hizo su encuesta en Améscoa, escasamente se mencionó el "agin" (los amescoanos nunca le llamaron "tejo"). Se limitaron a mencionar que "en el puerto de Urbasa, del lado de Zudaire, al raso a la izquierda hay varios agines". Ninguno de los informantes dijo nada más.
En 1991, el Gobierno de Navarra, declaró Monumento Natural un ejemplar de esta especie situado en las proximidades de Otsoportillo y quedó con la referencia "M. N. 30 Tejo de Otsaportillo".
La cultura de los árboles forma parte de la cultura de lo nuestro y ha sido una de las asignaturas en la que tradicionalmente, sacábamos buene nota, pero si hoy hubiera informe PISA para este aspecto y para nuestra cultura en general, creo que su conclusión no sería que tenemos "poca comprensión lectora", sino simplemente, que en uno y otro tema, tenemos "muy escasos hábitos lectores".
Pero vayamos al "agin", como decía mi abuelo Balbino, guarda de Limitaciones (1915-1936), "hagin" se escribe hoy, y algo contaré.
Y no olvidaré decir que una de las personas que más sabe y mejor conoce los tejos en España, es Ignacio Abella Mina (Vitoria-Gasteiz, 1960) que aprendió a amar los árboles en sus andadas juveniles por los bosques de Améscoa y Urbasa, cuando pasaba los veranos en casa de su abuela en el barrio de Gonea en Eulate. El Tejo, historias, mitos y leyendas
El tejo reúne varias cualidades que lo hacen merecedor de trascender su mera condición de árbol. De una parte, su longevidad. Por otra, la extrema toxicidad de todas sus partes (semillas, hojas y corteza) para la especie humana. Y una más, la excelente calidad de su madera.
Por su longevidad fue muy respetado y en algunos lugares de Centroeuropa, Francia e Inglaterra se tomaban acuerdos y se firmaban pactos, bajo la copa de un tejo determinado, con lo que se les daba especial énfasis.
Su alta toxicidad es también relevante, aunque en sentido negativo, y ya fue citada por Julio César en sus campañas bélicas.
Los soldados romanos aprendieron rápidamente que hojas, semillas (dentro de los frutos) y cortezas podían matar.
Fue un medio de envenenamiento involuntario y también de suicidio. Para este último uso se citan incluso casos de carácter colectivo, dando preferencia a quitarse la vida antes que rendirse a las legiones romanas.
Pasó luego a ser madera preferente para la fabricación de arcos de guerra, uso que incrementó su consumo y quizá acabó por reducir su presencia.
Su recuperación natural era difícil al ser una especie de crecimiento muy lento. Por otro lado. tampoco era una especie protegida o apreciada al no dar frutos de interés. Al contrario, estaba muy mal visto por el miedo, ignoro si suficientemente justificado, de algunos ganaderos .
Quedó, además, reservado en ciertas zonas para usos muy "exclusivos y selectos", acompañando a pequeñas iglesias antiguas, ermitas, entradas de cementerios, etc.
Y se extendió su uso, en variedades de carácter más comercial y menos exigente, para cierres ornamentales en jardinería.
(1) El soldado romano del dibujo debió masticar una semilla. Si solo hubiera comido la parte carnosa y escupido la semilla dura, sin abrirla, no hubiera injerido la toxina del tejo y no se hubiera intoxicado.
Taxus baccata y su identidad botánica
Características: El tejo común o tejo negro, es una conífera originaria del Oeste de Europa que puede alcanzar los 20 metros de altura y los 4 metros de diámetro. Su longevidad puede llegar a los 5.000 años.
Sus hojas son largas y lanceoladas y de color verde oscuro. Sus frutos, derivados de ramas femeninas, son llamados arilos y en ellos, una parte carnosa, recubre una única semilla.
Todo en él es altamente tóxico, al menos para la especie humana, hojas, fruto (salvo su parte carnosa), corteza y todas las infusiones que puedan hacerse de ellos.
(color rojo aún pálido). La semilla asoma en el interior.
Fotografías de archivo propio.
Los frutos, que se mantienen disponibles en invierno, son consumidos por diversas aves, que expulsan las semillas entre sus excrementos. Estas semillas, en condiciones favorables, no serían activas hasta pasados dos o tres años.
del fruto (arilo) conteniendo la semilla.
Abajo: Diferenciación de partes tóxicas y no tóxicas, y
proceso de dispersión de las semillas.
El tejo es un árbol que se encuentra aíslado o en grupos muy reducidos. En España, solo en la franja norte, de preferencia en zonas montañosas, altas y rodeadas de otras especies, de mayor porte, que proporcionen sombra.
Usos: Al margen de sus usos militares en la fabricación de "arcos de gurra" (long bow) en la Edad Media, su madera se ha usado en ebanistería.
En aplicaciones farmacéuticas actuales y, mediante procesos complejos, se ha obtenido a partir de sus hojas un muy valorado agente anticanceroso.
Toxicidad: Me limitaré a precisar que todas las partes del árbol contienen una sustancia tóxica denominada taxina, de efecto cardiotónico que, injerida, puede llegar a producir una parada cardíaca.
El tejo/hagin en Améscoa
No es fácil distinguir el tejo en el hayedo, salvo en otoño avanzado o en invierno, cuando se mantiene vestido el uno y se desnudan los otros.
Quizá no nos fue fácil porque nunca nos empeñamos en ir a buscarlo, porque andábamos menos en otoño avanzado e invierno.
Y, en definitiva, porque tejos, haberlos haylos, pero muy pocos.
No obstante, también debo decir que mirábamos lo que nos rodeaba, porque ese era el principal objetivo de nuestros recorridos: extraer conocimiento de lo que nos rodeaba.
Por esa razón y porque la memoria nos funciona satisfactoriamente todavía, nos acordamos muy bien de dónde sí habíamos observado la presencia de tejos y de unos cuantos además. Y como no habíamos hecho fotos de los tejos "de cuerpo entero", le tenía mártir a nuestro amigo Jesús Murguialday para que nos hiciera unas fotos majas, porque era en "su jurisdicción", Limitaciones sobre Larraona, donde recordábamos haber observado varios ejemplares de esta especie.
El tejo. bien contrastado en época invernal con el hayedo desnudo. Fotografía cedida por Jesús Murguialday.
Y, efectivamente, la memoria no nos engañaba y ahí nos confirmaba Jesús que había tejos, y unos cuanto más que los que recordábamos.
Tejo bien perfilado próximo a la "Cueva de los Cristinos",
en el Monte Limitaciones de Améscoa.
Fotografía cedida por Jesús Murguialday







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