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Cuando en Améscoa no se podía vivir sin vino

Representación de cómo el vino fue un alimento de primera necesidad universal
Representación de cómo el vino, durante siglos de nuestra 
historia, fue, con el pan, un alimento de primera necesidad. 


      El vino, además del pan, fue básico para nuestra supervivencia 
  

  Durante siglos, pan y vino fueron componentes básicos de nuestra dieta alimenticia. De nuestra dieta y de la de la Europa con la que compartimos historia. 

  Lo del pan ya lo sabíamos, pero lo del vino quizá lo ignorábamos. He pretendido que la pintura inicial transmitiera la idea, pero poner en el cuadro personas tan variadas para el vino, ¿no es un poco exagerado? Pues no. 

  El vino era consumido por todas las personas, sin distinción de clase social, sexo, edad u ocupación. 

  No es que todos fueran adictos, bebedores o alcohólicos. Es simplemente que desde la niñez el vino se incorporaba a su alimentación (inicialmente muy aguado) y se convertía en un componente de la dieta y en un aporte energético, para buena parte de los seres humanos, sanos, enfermos y convalecientes a lo largo de su vida. 

  Y este alimento de primera necesidad, que llegó a Navarra con la romanización y que no se llegó a producir en Améscoa, era lo suficientemente importante como para que su disponibilidad estuviera asegurada en las ordenanzas municipales que se dieron nuestros antepasados. 

  Y de ello dan testimonio nuestras antiguas ordenanzas y lo cuento.

El tejo, el árbol de la vida y la muerte, en Améscoa y Urbasa

Tejo de Otsaportillo, Urbasa, Monumento Natural  30 de Navarra
Tejo/Hagin (Taxus baccata) de Otsoportillo (Urbasa), M.N.30
Fotografía facilitada por Carlos García.


          El tejo, un superviviente del Jurásico en nuestros bosques
  

  Este patriarca del arbolado, ominipresente en mitos y leyendas, ha desaparecido de nuestra memoria local y de nuestros bosques. 

  Sabemos de su vecindad amescoana por la mención de Carlos III (1396) de "tallar taxos" para hacer arcos en los montes de Améscoa y Urbasa. 

  Ya hace algo más de medio siglo, cuando Javier Irigaray hizo su encuesta en Améscoa, escasamente se mencionó el "agin" (los amescoanos nunca le llamaron "tejo"). Se limitaron a mencionar que "en el puerto de Urbasa, del lado de Zudaire, al raso a la izquierda hay varios agines". Ninguno de los informantes dijo nada más. 

  En 1991, el Gobierno de Navarra, declaró Monumento Natural un ejemplar de esta especie situado en las proximidades de Otsoportillo y quedó con la referencia "M. N. 30 Tejo de Otsaportillo".

  La cultura de los árboles forma parte de la cultura de lo nuestro y ha sido una de las asignaturas en la que tradicionalmente, sacábamos buene nota, pero si hoy hubiera informe PISA para este aspecto y para nuestra cultura en general, creo que su conclusión no sería que tenemos "poca comprensión lectora", sino simplemente, que en uno y otro tema, tenemos "muy escasos hábitos lectores". 

  Pero vayamos al "agin", como decía mi abuelo Balbino, guarda de Limitaciones (1915-1936), "hagin" se escribe hoy, y algo contaré. 

  Y no olvidaré decir que una de las personas que más sabe y mejor conoce los tejos en España, es Ignacio Abella Mina (Vitoria-Gasteiz, 1960) que aprendió a amar los árboles en sus andadas juveniles por los bosques de Améscoa y Urbasa, cuando pasaba los veranos en casa de su abuela en el barrio de Gonea en Eulate.

Améscoa 1600-1900. Morir en accidente laboral.

La pintura representa un accidente por atrapamiento entre tronco cortado y árbol próximo.
Pintura que simula la muerte de Carlos de Zubeldia, 1797, por aplastamiento "de un árbol cortado contra otro sin cortar".


 Améscoa, una tierra dura para ganarse la vida
  

 Tardaron en crearse los primeros asentamientos humanos estables en nuestros valles. Pero las posibilidades ganaderas a la vez que la riqueza forestal, acabaron por compensar la pobreza del suelo y la dureza climática. 

  Sea como fuere, todas las actividades necesarias para la vida requerían un trabajo duro y de riesgo. Podíamos establecer hipótesis razonables sobre esos riesgos y hacerlo con acierto. Pero hay algo mejor. La consulta de los Libros Parroquiales, concretamente los de Difuntos y tratar de conocer a través de los mismos qué causas de muerte se citan como relaciondas con la actividad laboral humana.

  Como he dicho en más de una ocasión, durante unos años y en las pocas horas que nos dejaban libres nuestras ocupaciones familiares y profesionales, tuvimos acceso a estos archivos. Y aprovechando nuestras estancias en Améscoa, fuimos copiando datos de interés para la microhistoria del valle. De aquellos apuntes, extraigo algunos sucesos relevantes que están relacionados con el tema que hoy abordo.

Ecala, Palacio estratégico y origen del linaje de los Remírez de Baquedano

Pintura simulando el pueblo de Ecala en el siglo XV
Pintura imaginada de Ecala en el siglo XV con el "Palacio"
 en la parte alta del pueblo y la torre de "Torregi"
 en el paraje de su nombre






La rivalidad entre los Baquedano de uno y otro lado del Urederra
  

  En 1665 enviudó Diego Remírez de Baquedano, Señor de los Palacios de Baquedano, Ecala y San Martín. Murió su esposa, María Álvarez de Eulate, con 48 años y tras 8 partos. Él tenía igualmente 48 años.

  Quedó solo y no volvió a casar. Casó a sus hijas y dio estudios a sus hijos, aunque se quejó cíclicamente de sus escasos recursos. 

  En los largos años que le quedaron de vida, se esforzó por hacerse con un título de nobleza, algo que consiguió, y con pleitear y reñir con sus paisanos. 

  En especial, con Fernando de Baquedano, Señor del Palacio de Gollano, por quien pareció sentir especial inquina. Algo que siempre fue recíproco, como muestran los hechos históricos, aunque la iniciativa corrió siempre a cargo del primero. 

  Se trataba de demostrarle al de Gollano que "para palacios ... los suyos". Aunque hacía trampas, porque del palacio de Baquedano, no quedaban sino las ruinas. Y por otro lado, Fernando de Baquedano, era dueño del palacio de Gollano, pero también del de Lácar y el de Olcoz.


  El linaje de los Remírez de Baquedano nació en Ecala. Pero esto ya lo he contado antes y, con 83 años y unas cuantas averías, no me queda tiempo que perder y diré simplemente dónde puede leerlo el interesado. Vayamos al Palacio y a la Torre.

Sequía y calor Verano 2026. Améscoa y Urbasa. Otro récord no deseable.



Améscoa/Urbasa. Balsa seca de Arantzaduia. Septiembre de 2026-
Améscoa. Monte Limitaciones. Balsa seca de Arantzaduia. 
Septiembre 2026. Foto cedida por Javier Echeverría.



         Récord de calor/sequía del verano 2026 en Améscoa-Urbasa.
  

 Me decía Patxi Ruiz de Larramendi en agosto: "Si el año pasado hubo sequía, este año da miedo". 

  Y acertó, desgraciadamente. 

  Afirmaba yo en agosto pasado, en este mismo blog, que el sol no ha cambiado sus hábitos. “Pero nosotros  hemos descuidado todos los filtros, toda la cubierta que nos protegía de la fuerza viva del astro rey. Ese tejado, esa sombra que nos resguardaba de la fuerza que él, por sí mismo, no puede regular”. 

  Según el informe PISA, en algunos casos y zonas fallan los alumnos en "comprensión lectora". Somos los adultos los que realmente fallamos en comprensión lectora. 

  Leemos muy bien las noticias catastróficas que se produjeron ayer (inundaciones por trombas de agua cada vez más frecuentes y más fuertes, aludes que barren pueblos enteros, incendios que calcinan miles de hectáreas, pero no leemos en absoluto las medidas de prevención que no se tomaron, ni las que quedan por tomarse (si es que estamos a tiempo) y, sobre todo, ignoramos las causas que provocan toda esta radicalización de la climatología.  

  Pero no voy a sermonear más, entre otras razones porque sirve de muy poco. Por eso me limitaré a proporcionar datos que, independientemente de poner de manifiesto el daño que causan a un sector de la sociedad, el primario principalmente, debieran ponernos los pelos como escarpias porque son un avance de la que se nos viene encima. A nosotros y a nuestros hijos y nietos.

 Y obligarnos a tomar conciencia. 

 Ya estaba yo siguiendo los datos y mis amigos, Javier Echeverría y Juan Carlos Urra me los han ido actualizando. Con esa información, procedente de Confederación Hidrográfica del Ebro (Estación meteorológica Otsaportillo y Estación de aforos en el Urederra en Baríndano) y Meteorología y climatología de Navarra, Aemet (Estación Manual de Larraona), más los propios de las mediciones de Juan Carlos, puedo afirmar que hemos vuelto a establecer una nueva marca. 

  Sospecho y, muy fundadamente, que hemos tenido, en el conjunto territorial Améscoa-Urbasa, el verano más caluroso y más seco desde que hay datos.